Queriendo impresionar con un titulo

Las cosas que se dicen en la calle, pero que escritas, hasta pueden impresionar.

Ella(s) misma(s)

Como una especie de ritual, que comienza a tempranas horas, en las calurosas tardes de Abril. Es ella sola, frente al espejo, con los frascos multicolor que adornan la marquesa y la conducen hacia su dilema vespertino. Continúa el ritual, la ducha extensa que la ahoga en vapor caliente y los químicos para el cabello que le nublan el subconsciente.

Parada allí, nuevamente frente a la encrucijada ¿darán su fruto las revistas quincenales? ¿recordará los veintisiete artículos sobre colores y texturas que la desvelaron el fin de semana? 

Juntó suficiente valor, para aventurarse y ser creativa, para exponerse al vituperio de los que considera faltos de gusto y sentido de la moda, gente normal que no sabe la diferencia entre el fucsia y el magenta.

Sus pasos firmes, producto de otra hazaña que desafía las leyes de la física, la ergonomía y hasta el sentido común. Se acerca a su pasarela, los pasillos universitarios, autopistas del esnobismo, donde se respiran ambiciones y una que otra feromona.

El esfuerzo da resultados prematuros, la mirada tímida de algún desconocido, el gesto morboso del compañero de clase o la broma sugerente del catedrático pervertido. No todo es malo, por fortuna, sus compañeras le han dicho que se ve divina, en otro gesto de hipocresía etiqueta tan común de la adolescencia, pero su ánimo no ha decaído. Lo está logrando.

Llevó la caída del sol a cuestas, con la ayuda de ese diminuto espejo, que se pierde tan fácilmente en ese universo paralelo, llamado cartera. Jamás perdió el glamour, jamás perdió el orgullo o la dignidad, no es su culpa que las luces tenues y débiles de las aulas apaguen el brillo de su chaqueta o distorsionen la tonalidad de su maquillaje. Hizo lo posible y triunfó.

Llegó a la noche, en casa, en el mismo altar donde dio inicio su ritual de todas las tardes; para iniciar otro, del que queda poca evidencia, poca que las luces favorezcan, porque finalmente será libre, porque finalmente relajará cada músculo de su rostro y donde nadie hará miradas perversas o sugerentes, donde el único cumplido, será la caricia de la almohada en su cabello alisado. Es ella misma, la joven mujer de conflictos vespertinos, rindiéndose a la hermosa sensación de importarle un carajo. Es ella, la misma.

Mis mejores deseos

Este 2012, deseo que de vez en cuando se equivoquen, que pasen una que otra enfermedad, que sufran algún desvelo por trabajo o estudios, que pasen alguna crisis económica o sentimental, que lloren, que rosen el límite de la desesperación, que tengan que despedirse de alguien, que alguna vez vean un plan o meta frustrado, que experimenten la soledad o el desánimo, que los traicionen quizá, que se enojen con algo o alguien; deseo que la incomodidad se haga presente en sus vidas; pero al final de todo, que se sobrepongan a estas cosas (que seguro ocurrirán) y que al levantarse y superar todo, vean la clase de ser humano en la que se han convertido. Mis mejores deseos para ustedes este año nuevo.

about economics

“It is no crime to be ignorant of economics, which is, after all, a specialized discipline and one that most people consider to be a ‘dismal science.’ But it is totally irresponsible to have a loud and vociferous opinion on economic subjects while remaining in this state of ignorance.” - Murray N. Rothbard

Disclaimer

Como si hiciese falta, me abro una cuenta más en esto de las redes sociales. Intentaré expandir mis disparates sin caer en la trampa de tomármelo en serio, de hacerme el profundo; por supuesto que es una muestra más de mi egoísmo intelectual. No aporto más que dudas y curiosidad, mi objetivo es incomodar lo suficiente como para que valga la pena gastar un par de segundos o minutos leyendo. Me encanta la expectación, principalmente porque…